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El camino a San Juan Guichicovi comienza o termina en Mogoñé. Aquí las dilatadas llanuras del Sotavento se comprimen para iniciar la escalada de la sierra mixe en territorio oaxaqueño. Hacía el sur, los bajiales inmensos se transforman en la selva negra, al norte: siguiendo las paralelas del tren que aspiró un día ceñir la cintura del istmo mexicano, los llanos olorosos a mango buscan el mar por los terrenos del Coatzacoalcos.

Aquí arranca el camino que asciende a la mixe baja, camino que reverbera entre el canto monótono de las cigarras y los colores ocres de la sierra. Poco antes de la curva del caracol se topa uno con la comunidad de Pachiñé. Ahí, junto a un enorme huapinole, detrás tantito del templo evangélico vive don Cándido Santiago, a quien los lugareños llaman “Macho”. Don Candido es parte de los músicos de esta comunidad y es a su vez depositario del instrumental que da cuerpo a los ejecutantes de jarana.

Los Jaraneros de Pachiñé no son un grupo formal que se dedique a la música como forma de vida, más bien son hombres amantes del ritmo, de sus instrumentos y sus tradiciones. Los Jaraneros de Guichicovi han existido desde siempre, sin que ninguno de los ejecutantes actuales, nuevos o viejos; sepa con certeza cómo llegó este tipo de música a la comunidad o quienes fueron los iniciadores de la tradición. Lo verdaderamente cierto son tres imponderables:

1.- La música de jarana está íntimamente ligado a las festividades de orden social, donde los ritos funerarios forman parte fundamental de su quehacer melódico. La forma musical de acepción más extendida la representan las bandas de viento.


2.- La enseñanza de los sones, sus usos y denominaciones han pasado de generación en generación, donde los viejos músicos han sido los preservadores de la memoria musical.


3.- El repertorio tradicional de San Juan Guichicovi está en peligro de desaparecer ya que no existe una nueva generación interesada en al preservación y difusión de los sones de la localidad.

Sin embargo, actualmente existe cinco grupos de jaranero en diversas comunidades del municipio, incluyendo la cabecera municipal. Así mismo, existen al menos dos lauderos tradicionales, expertos en la fabricación de instrumentos con técnicas propias.

Cabe destacar que una pieza fundamental en el repertorio de los jaraneros es el Son de los Angelitos, una melodía funebreque suele tocarse durante el velorio de los menores de edad y quellas personas que sin serlo, se mantuvieron solteros durante su vida. El son de los Angelitos tiene seis movimientos, todos fúnebres; al termino de los cuales se hacen sonar los cohetes y un pasodoble final durante el cual los padrinos de la cruz son convidados a bailar. Después se tumba el aguardiente o mezcal y se continua con el velorio.

En San Juan Guichicovi, el grupo de jaraneros está encabezado por don Salvador Álvarez Liébana, quien en los últimos años ha iniciado una importante tarea de difusión y enseñanza de los sones antiguos de la comunidad.

Después de San Juan, siguiendo por los caminos vecinales del municipio, se ubica la población del Ocotal, acaso la de mayor tradición en el uso de la música de jarana. En esta comunidad el señor Santiago Juan mantuvo durante muchos años la memoria de los sones de Guichicovi, transmitiendo su conocimiento a otros ejecutantes que hoy han alcanzado la mayoría de edad y otros, se han hecho viejos en el camino de la música.

Los Jaraneros de Ocotal, tocan una pieza que ha decir de los viejos se denomina “Que dice que si, que dice que no”. Pero hoy los ejecutantes anteponen el nombre del interprete a la pieza o al nombre de otra persona que desean complacer, de tal forma que el son puede llamarse “Rafael que Sí” o la clásica “Virginia que Sí”.

Hasta hoy, hasta que las cigarras logren precipitar la lluvia sobre la tierra colorada, hasta que los suaves y melódicos sonidos de las cuerdas de jaranas dejen de escucharse, hasta que los hombres dejen de pronunciar lo sagrado, para recordarnos que la palabra mixe viene del vocablo mixy, cuyo significado particular en lengua ayuuk es hombre: que es palabra sagrada.

Texto extraido del disco "Jaraneros de Guichicovi" 2007, editado por CONACULTA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Jaraneros de Guichicovi, es un disco que vio la luz en 2007 bajo el apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes CONACULTA y el Programa de Desarrollo Cultural del Sotavento, el disco incluye un total de 13 tracks, 10 canciones inéditas y 3 grabaciones de voz con los interpretes. Fueron tres grupos quienes participaron en este disco: Los Jaraneros de Pachiñé, Los Jaraneros de San Juan y los Jaraneros del Ocotal.

Es un recorrido musical que nos invita a danzar al compás de los dulces sonidos que cantan las cuerdas de una jarana, fabricada por las mismas manos de quienes las ejecutan. Cada canción encierra una historia y es digna de escucharla, de sentirla y de vivirla como algo propio de la cultura musical del mixe bajo.

Para descargar algunas canciones del disco da clic abajo: