
¿Por qué cortaron mi manta?
Soy la cadenilla, soy diseñada y costurada en una vieja maquina por las manos de una mujer mixe. Me preparan durante varios días, pues según he escuchado seré un regalo para la comadre de mi creadora que vive aquí, en la comunidad de El Ocotal.
Mi creadora se levanta desde temprano, junta su lumbre y pone el café. Riega su patio y lo barre para por fin sentarse durante horas frente a la máquina de coser.
Puntada tras puntada, mi creadora solo se levanta de su silla para tomar una taza de café. Me pone mucho empeño, dedicación, me da vida con paciencia. Ella me dibuja con hilos de color amarillo y rojo sobre un lienzo. Me prepara para ser usada por su comadre, Taj Litsy, a la quien tanto aprecia.
Pasan los días, noto algo raro. Han sustituido a mi compañera: a la extensa tela de manta. Ahora me costuran sobre una tela diferente, reducida, apenas es un cuadrito, un pedazo de tela que no alcanzará a cubrir ni siquiera la espalda de Taj Litsy.
Unos señores y muchachas que jamás había visto por aquí, van a visitar a mi creadora, entran a la casa, platican en español, pero yo no los entiendo. Ellos se van.
Mi creadora, desde entonces comienza a portarse fuera de lo común, tijerazo más de lo habitual, Yo, que creía ser tan larga como los ríos, me doy cuenta que ahora soy más corta, ¡me ha convertido en arroyuelo!.
Días más tarde, una de las muchachas de la vez pasada me va a traer, me ponen en bolsa de plástico. La muchacha ha cambio de mí, le entrega unos papeles de colores, creo que le llaman dinero.
Me encuentro en San Juan Guichicovi, es la noche del 27 de diciembre, hay mucha gente afuera. En el ambiente se escucha una música muy acelerada, la voz es de un idioma de los que se hablan en otros países.
Una mano suave de uñas largas y adornadas, me saca de la bolsa. ¡No son las manos de Taj Listy!
Por fin estoy en un cuerpo, pero es extraño, huele diferente, tiene cremas y polvo de color rosa y morado en el rostro, sus labios están pintados y sus pestañas son tan largas. Creo que este cuerpo viene de otras tierras, de muy lejos, pues jamás había estado en uno así. Me siento raro.


El cuerpo de la persona que ahora visto sale caminado muy rápido, se contornea a pasos grandes, se detiene, mira a la gente, da vueltas sobre sus zapatos altos mientras en su rostro de dibuja una sonrisa, pero es fingida, no es como la sonrisa de Taj Litsy: sincera, sin pretensiones.
La gente que está sentada en filas me miran, toman fotos, aplauden. Yo veo caras extrañas, van disfrazados con ropas raras, tiene muchos aparatos en las manos que me apuntan, parecen hipnotizados.
¿Porqué cortaron mi manta? ¿Dónde quedó la mujer mixe que me debía portar? ¿Por qué me muestran así a personas extrañas?
Comienzo a entender… Todo se trata de un show, de un mero espectáculo, alguien preparó todo esto con el fin de mostrarme a ojos extraños. Es un tributo a la vanidad.
Todos aplauden, creen que estoy bien, que así me veo mejor. No se dan cuenta me han cortado, me han confeccionado de distinta forma, ahora me porta un cuerpo extraño, de esos, como los que salen en la televisión. Me transformaron en algo que no quería ser, comienzo a perder identidad.
Estoy decepcionada, no puedo creer lo han hecho conmigo, volteo a mi alrededor y veo otras cadenillas en la misma situación, muy tristes.
Ahora me ponen en otra bolsa de plástico, esta vez más grande y con letras en el frente, a la muchacha que me trajo le dan a cambio otros papeles de colores, muchos más de los que les dieron a mi creadora, allá en Ocotal.
Me hubiera gustado tener una vida en la tierra mixe y ser usada por Taj Litsy, a quien le hubiera dado mucha alegría que yo la acompañara por todos lados.
Atentamente:
La cadenilla.
Texto por Yovegami Ascona Mora
